viernes, 5 de septiembre de 2014

Divine



Cuando alguien fallece mientras duerme, las señoras dicen que se fue en el sueño. Sin embargo, nadie nos ha enseñado cómo nombrar la muerte del que muere quemado. Nadie nos ha enseñado a nominar el dolor del que muere calcinado, ahogándose con el humo en un inmueble que arde incandescente en medio de la ciudad.

El 4 de septiembre de 1993, la Discoteque Divine, una reconocida disco cola del puerto, se incendió iluminando tristemente la noche de un Valparaíso gris. El incendio se produjo cerca de las 3:30 de la madrugada, consumiendo la vida de unas veinte personas. No sabemos cuántas con exactitud porque no existen registros oficiales (porque nunca nos quisieron entregar esa información, porque a nadie le importa que los colas se mueran), pero sí sabemos que este hecho funesto no fue accidental. Porque como escribió la maravillosa Pedro Lemebel alguna vez, “aunque la policía asegura que todo fue por un cortocircuito eléctrico, la música y las luces nunca se apagaron”. El incendio de la Divine fue un atentado homofóbico, un hecho de violencia descarnada en un Chile que ya no tenía a Pinochet en el gobierno pero que lo había incubado durante diecisiete años en lo más profundo de sus entrañas. Nada se supo de los culpables, y el caso se cerró pasando a engrosar la lista de papeles de algún archivo judicial desconocido y polvoriento.

Han pasado veintiún años desde el hecho y todo sigue igual. Llega un nuevo 4 de septiembre y la anhelada justicia todavía no llega. Utópico es esperar justicia en un país controlado política y económicamente por la derecha. La izquierda, entretanto, conmemora hoy la llegada de la Unidad Popular al gobierno mientras le hace asco (en silencio, entre cuatro paredes porque es feo hacerlo en público) a los maricones vivos y a los maricones muertos. Así, el ciclo de violencia hacia las personas no heterosexuales continúa.

Sin embargo, esas colas anónimas a las que nunca conocimos, esas colas que pudieron haber sido nuestras amigas, nuestras hermanas, nuestras primas, permanecen de una u otra manera en nuestra memoria. Permanecen bellas, altivas, danzando en medio del fuego. Porque los muertos de la Divine, nuestros muertos, se fueron en el baile. Porque el baile es alegría, y la alegría es rebeldía. Y el brillo de la Divine en llamas en la noche del 4 de septiembre de 1993 es el brillo de cada una de esas compañeras caídas que, quizás sin saberlo, fueron rebeldes porque luchaban por ser felices. Es por eso que nuestra lucha, en memoria de todas nuestras compañeras caídas a lo largo de la historia, es la lucha por ser felices.


Incendio de la Discoteque Divine - Valparaíso, 4 de septiembre de 1993.

viernes, 17 de enero de 2014

"Soñé que mi cuerpo envejecía tanto que teniendo veintitrés años la gente pensaba que tenía cuarenta."

Alejandra Pizarnik. 

domingo, 5 de enero de 2014

El Luis

(A ratos pienso que deberíamos acabar con las universidades, pero después de meditar un poco se me pasa lo insu. Con todas las contradicciones que encierra ese espacio, a la universidad le agradezco dos cosas muy importantes: en primer lugar, me dio una formación teórica y política que hasta antes de entrar yo no tenía, y en segundo lugar, me hizo conocer a algunas de las personas más importantes de mi vida. Esta historia es –un poquito– sobre ambas cosas.)


Con el Luis nos conocimos en el año 2009 en la Facultad de Filosofía. Estudiábamos distintas carreras, pero teníamos algunas personas en común y compartíamos un curso sobre la cultura sefardita. A esto hay que agregar, en honor a la verdad, que nos habíamos mirado de reojo en varias oportunidades en los pasillos de la facultad y en las clases, en una suerte de joteo sutil y adolescente, como suelen hacer los maricones inexpertos o trancados. A raíz de esto, un día nos agregamos a Facebook y comenzamos a hablar a través de ese medio, que resultó ser algo así como nuestro Messenger personal, reactualizando de una u otra forma nuestro pasado de tribus urbanas.
Reconozco haberme puesto sumamente nervioso la primera vez que hablamos en persona, que –si no me equivoco– fue en la biblioteca de la facultad. El Luis iba subiendo la escalera y yo iba a bajar cuando nos topamos. Fue todo muy accidentado y muy ridículo (como casi todo lo que hoy hacemos: accidentado y ridículo). Desde ese momento comenzamos a frecuentarnos un poco más hablando ocasionalmente en los recreos y en las ventanas sobre las escasas cosas interesantes que teníamos para hablar. Una vez nos juntamos a conversar en los pastos que están al lado del cenicero, cuando eran bonitos y cuando todavía quedaba un poco de pasto, cuando no existía la escalera y cuando había huachos jugando fútbol en Calama y uno que otro turri fumando paraguas en las gradas, y sobre todo, sobre todo cuando existía Calama. Nos recuerdo nerviosos. Recuerdo una discusión tibia e inconducente sobre las marchas por la diversidad sexual. Ahora pienso que quizás no fue tan inconducente. A fin de cuentas, fue esa la primera vez que discutimos, de manera muy rudimentaria y con las escasas herramientas que traíamos desde nuestro origen social, sobre algo-así-como una dimensión política de la sexualidad. Lo cual no deja de ser. En otra oportunidad, durante ese mismo año, nos juntamos en el Parque San Borja. Estábamos en una banca, éramos unos polluelos y hacía frío. Hoy pienso esa escena con alguna canción de la Javiera Mena de fondo. Esa vez, los dos nos encontramos con ex compañeros zorrones del colegio que habían triunfado y que ahora estaban estudiando en la Facultad de Economía. Y nosotros ahí, tirados en la banca, constatando nuestro fracaso: por colas, por pobres, por ambas cosas juntas.
Me cuesta explicarme cómo llegamos desde ese punto hasta ahora. Las cosas se sucedieron de manera muy vertiginosa. En el 2010, cuando dejó de ser tema el asumirse cola en la universidad, y habiendo realizado algunas reflexiones menos toscas que antes sobre lo mismo, comenzamos a participar en actividades feministas (y algunas no tanto, cabe destacar) y en una que otra marcha. Sin cachar mucho para dónde iba la micro, fuimos tanteando el terreno y nos pegamos varios tropezones. Nos empezábamos a formar a tientas, pero ya no había vuelta atrás. En el 2011 (¿y cómo íbamos a saber esto en el 2009, cuando conversamos al lado del cenicero, cuando nos juntamos en el San Borja?) formamos junto a otres compañeres una organización feminista en nuestra facultad, sin mucha más teoría que la que nos había entregado la práctica. Paralelamente, comenzamos a participar activamente en la política de la facultad, cosa que hasta entonces no habíamos hecho sino de manera esporádica. Lo demás llegó solo y sin avisar: las extensas movilizaciones estudiantiles, los talleres en colegios, las experiencias con otras organizaciones, la renuncia del Luis a su carrera (que importó pero no tanto porque ya no había vuelta atrás), un 2012 complicado (aunque ya no había vuelta atrás) y un 2013 en el que, estando en momentos muy disímiles de nuestras vidas, nos reencontramos en la militancia como compañeros en una incipiente organización.
Han cambiado varias cosas desde el lejano 2009. El pasto que nos cobijó por primera vez está cruzado desde hace unos dos años por construcciones del Proyecto Bicentenario, y Calama dejó de existir. No sé qué será del San Borja, pero supongo que los fanáticos de Harry Potter ya no se juntan a hacer magia ahí, y desconozco si los zorrones de la FEN siguen trotando por el parque. Para bien o para mal, ninguno de nosotros dos continúa estudiando en Filosofía. Para bien o para mal, ninguno de los dos nos parecemos a lo que fuimos en el 2009. Para bien o para mal, seguimos siendo amigos. Pero además somos compañeros, feministas, soñadores, antiimperialistas, libertarios. Y sin embargo, yo nunca me voy a olvidar (más bien, nunca me quiero olvidar) de esos dos cabros chicos que se encontraban esporádicamente en los pasillos de Filosofía, que no teniendo idea de nada y a partir únicamente del tacto llegaron hasta acá, donde ya no hay vuelta atrás y donde sólo queda seguir cambiando y seguir luchando. “Al fin y al cabo”, dice el viejo Galeano, “somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”.

5 de enero de 2014

sábado, 2 de marzo de 2013

En memoria de Daniel Zamudio

El 2 de marzo nos duele a los colitas. Nos duele como si la agresión a Daniel Zamudio hubiese sido anoche, como si hubiésemos estado ahí con él en el Parque San Borja, viendo su cuerpo maltratado por un grupo de neonazis. El 2 de marzo nos duele porque el ataque a Daniel lo sentimos nuestro, porque muchos de nosotros también hemos sido insultados, escupidos y golpeados por no ser heterosexuales. Al morirse Daniel, un pedacito de nosotros también se muere. 
El asesinato de Daniel trajo consigo la tramitación express de una Ley Antidiscriminación absolutamente insuficiente, punitiva, carente de un programa de políticas públicas efectivo contra la homo/lesbo/transfobia, y cuya única utilidad hasta el momento ha sido calmar las aguas en la opinión pública y traer réditos políticos al gobierno. Baste recordar que el entonces ministro del interior, Rodrigo Hinzpeter, el mismo que ejecutó una política sistemática de represión a la protesta social, dijo que se había sentido "discriminado" cuando fue a visitar a Daniel a la Posta Central porque le gritaban "judío". Más allá de lo cierto o lo falso que pueda ser, sabemos de sobra que la victimización es una estrategia muy efectiva del poder para desacreditarnos. 
Todxs matamos a Daniel Zamudio. Lo matamos día a día a través de la burla, del escarnio y la indiferencia, que no son sino formas encubiertas de violencia que a veces duelen incluso más que las escaras que deja un cigarrillo apagado en la piel. Una vez muerto, lo seguimos matando también a través de la sobreexplotación y utilización política de su imagen, y terminamos de matarlo al hacer que su muerte pase al olvido. Sin embargo, no sólo a él lo ultrajamos. Daniel es sólo la cara visible de una seguidilla de agresiones a personas no heterosexuales durante el año 2012, de las que nadie se hizo cargo. Sólo por mencionar algunas (sin nombrar los múltiples casos de agresión policial): en julio, Valeska Salazar, de apenas 16 años, fue apuñalada en Santa Juana por ser lesbiana, y una pareja de lesbianas fue brutalmente agredida en un pub de San Bernardo; en septiembre, un grupo de personas atacó a Camila, una joven transexual, en Ancud, y un sujeto en Valparaíso apuñaló a Cristina, una mujer trans que se encontraba ejerciendo el comercio sexual y que ya había sido agredida durante el 2011. Todxs estxs compañerxs fueron atacados después del asesinato de Daniel y la Ley Antidiscriminación, como resulta evidente, fue inútil a la hora de prevenir estas agresiones. 
Una de las cosas que a mí como persona no heterosexual y como sujeto de izquierda más me duele, es que a un año de la agresión a Daniel Zamudio nada ha cambiado. Seguimos sintiéndonos vulnerables cuando salimos a comprar el pan, o cuando volvemos a la casa después de un carrete, o cuando vamos a marchar. El riesgo de que nos violenten sigue ahí, y es potenciado día a día a través de gestos aparentemente tan nimios como escribirle "me gusta el pico" al amigo que se le queda abierto el Facebook o reírse de una rutina de chistes sobre el SIDA en el Festival de Viña. Porque la "talla buena onda", querámoslo o no, también reproduce ideologías. Y nosotrxs, al aceptar esa forma supuestamente inocua de humor hacia lxs oprimidxs, contribuimos a la reproducción de esas ideologías.
A lo mejor si Daniel siguiera vivo también se habría reído con los chistes de Tony Esbelt o Memo Bunke. De haber sido así, yo no lo culparía. Es el sistema el que nos hace naturalizar la violencia y sentirnos culpables de nuestra forma "anómala" de vivir nuestra sexualidad. Quizás, y a raíz de lo mismo, Daniel en algún momento se avergonzó de no encajar en las exigencias de normalidad gay del patriarcado. Al parecer nosotrxs también nos avergonzamos de ello, ya que en todos los afiches y en todas las pancartas que le hicimos, escogimos las fotos en las que se veía más "normal", más "hombre". 
Pienso en muchas cosas cuando pienso en el asesinato de Daniel Zamudio. Pienso en lxs miles de compañerxs no heterosexuales asesinadxs a lo largo de la historia, y pienso también en lo horrible que es el que se necesiten mártires para que avancemos en la consecución de nuestras demandas. Yo no quiero más vejaciones hacia las personas heterosexuales. Por lo mismo, a un año de la agresión a Daniel Zamudio y a casi un año de su posterior deceso, quiero que esta muerte dolorosa nos sirva para reflexionar varias cosas. A reflexionar, entre otras cosas, sobre cuánto del fascismo que lo mató tenemos en nuestra cabeza, y sobre la (im)pertinencia de confiar en el poder para lograr los cambios socioculturales que necesitamos. Porque lxs que aprobaron la Ley Antidiscriminación son, en el fondo, lxs mismxs que posibilitan la reproducción de la violencia sobre nuestros cuerpos a través de la ideología que sustentan. Y son también, por qué no decirlo, lxs mismxs que en agosto de 2011 mataron al estudiante Manuel Gutiérrez, y lxs mismxs que la semana recién pasada asesinaron al sindicalista Juan Pablo Jiménez.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Maipú, o el sueño americano que no fue


Hoy es diecinueve de diciembre y se supone que faltan dos días para el fin del mundo. Como antesala, hoy llueve en Santiago y las señoras de la capital ponen el grito en el cielo, cielo que se parte con los chubascos pronosticados para el día de hoy.
En Maipú, sin embargo, la lluvia es precaria. Precaria como tantas otras cosas en esta comuna: la vivienda, la educación, la salud (sobre todo, la salud). Y nos negamos su precariedad a cada instante en la pretendida y pretenciosa comodidad de nuestras casas pareadas de dos pisos, de nuestros pasajes protegidos por rejas, de nuestros barrios cada vez más seguros gracias a la caseta de guardia instalada en la esquina o en la plaza.

Llegué a vivir aquí a los cinco años, hace casi exactos diecisiete, un quince de diciembre de 1995. Antes con mi familia vivíamos en el Barrio Franklin, en una casa pequeña y pobre que hoy le pertenece a una tía. De lo poco que recuerdo, la casa era muy oscura y yo compartía con alguno de mis hermanos una de las piezas del fondo. En ese tiempo éramos cinco hermanos (se nos sumaría un sexto tres años después) y la casa no daba abasto, por lo que mis papás tomaron la decisión de cambiarse, buscando dejar atrás las modestas condiciones en que vivíamos. Postularon a un subsidio y vinimos a dar aquí, a esta casa ubicada cerca del paradero nueve de Pajaritos, que por entonces era una calle llena de árboles –aunque yo no podría dar cuenta de eso– y que a simple vista prometía a mi familia y a tantas otras familias una mejor calidad de vida.
Sin embargo, mis papás no encontraron nada de lo que estaban buscando, y yo creo que no lo saben. La casa nueva era mucho más bonita que la de Franklin, pero seguíamos viviendo hacinados y la familia seguía creciendo. En 1998 llegó a la casa mi hermano chico; dos años después nació mi primer sobrino, y así. Tuvimos que agrandar la casa, pero yo seguí compartiendo pieza con dos de mis hermanos hasta muy grande. Y la plata no alcanzaba, como tampoco alcanzaba cuando vivíamos en la comuna de Santiago. Pero nada de eso importaba, porque teníamos un mall cerca de la casa (aunque tuviera piso de madera), uno que otro supermercado y ya a fines de la década de 1990 se escuchaba fuerte el rumor de que llegaría el Metro hasta nuestras tierras. 

Hace algunos años, el suelo de madera del mall mutó en cerámica. Hoy el mall tiene dos pisos y se construyen varias tiendas que se inaugurarán, supongo, durante el próximo año. Hace poco, también, llegaron los bares y restaurantes caros, los expendios de sushi o de cualquier otra comida hip del momento, viniendo a desplazar tanto a la práctica de tomar en una cuneta o en una plaza como a las papas fritas de los bajones. El Metro llegó a Maipú con unos años de retraso. Con más de diez años de retraso, quizás. Poco importa. Los maipucinos sabemos esperar porque estamos acostumbrados. Llevamos más de veinte años esperando. La llegada del Metro y del comercio es la llegada del esperado progreso a nuestra comuna, pero un progreso del que nosotros no podemos sentirnos parte porque todas las mañanas subimos los tres (o cuatro) pisos de la estación Las Parcelas para viajar en condiciones inhumanas a nuestros destinos, y porque lo único que encontramos al venir a vivir aquí fue la libertad de consumir y de desperdiciar dinero que no tenemos en placeres burgueses más propios de Providencia que de acá. Maipú es la comuna ícono de una “clase media emergente”, o, dicho en feo, de pobres que alguna vez quisieron salir del hoyo en el que estaban metidos en sus comunas de procedencia. Por eso es una comuna que se blanquea y se niega constantemente a sí misma, porque a los maipucinos nos da vergüenza nuestro origen mugriento y roñoso, porque viviendo aquí creemos (más aun, queremos) ser tan normales como la gente de Ñuñoa. Pero sabemos que ni tan en el fondo –más bien en la superficie– somos otra periferia urbana más. Y el olor a pobre es algo que no se sale ni con ropa de marca ni con perfumes caros, mucho menos si estos son adquiridos con tarjeta de crédito en cuotas y con pago diferido. 

martes, 11 de septiembre de 2012

treinta y nueve onces

Muchxs van a reclamar mañana porque no tienen luz, porque llueven las piedras, porque estxs pendejxs andan puro hueveando, que qué se han creído, si ni siquiera estaban vivxs para el golpe, terroristas, deberían llevárselxs presxs a todxs. Igual que para el 29 de marzo, el "día del joven delincuente". 
Mi deseo es que se corte la luz cuanto sea necesario para que salgamos, aunque sea por un rato, de la comodidad burguesa en la que vivimos. Que se corte la luz ojalá por varias horas, y que durante esas horas sólo tengamos por iluminación el fuego de unos neumáticos quemándose. Y que ese fuego (junto a las piedras que llueven, junto al fascismo que flamea al viento en los techos de las casas en septiembre, junto al humo de las lacrimógenas esparcido por ese mismo viento) nos ayude a recordar que durante diecisiete años en este país se torturó, se asesinó y se hizo desaparecer a miles de compañerxs sólo por el hecho de querer construir una sociedad mejor. Y que también nos ayude a recordar (o a caer en la cuenta, según sea el caso) que en estos veintidós se ha profundizado el modelo económico y político que nos implantó la dictadura, y que, aunque de forma más velada, los vejámenes hacia compañerxs continúan. Baste recordar, por dar un nombre, a la compañera Claudia López, asesinada un 11 de septiembre de 1998, cuando ya habíamos "vuelto a la democracia". Con hartas comillas. 
A 39 años del golpe militar, es imposible dar vuelta la página. Es imposible porque las atrocidades que se cometieron en la dictadura están impunes, situación que la Concertación no se molestó en revertir, probablemente abogando por una ilusoria reconciliación nacional. Jamás habrá reconciliación mientras esos crímenes no se paguen. Y más aún, jamás habrá reconciliación alguna mientras sigan existiendo opresorxs y oprimidxs. No nos vamos a reconciliar con quienes nos han confinado históricamente a la miseria y a la sumisión. Menos si intentan hacernos creer que por haber votado NO en 1988 (si es que lo hicieron; otórguesenos el beneficio de la duda) están de nuestro lado. 

Otra cosa: mañana juega Chile, intento vano por hacer que el 11 sea un día como cualquier otro. Ojalá todxs tengamos presente que cada grito de gol, cada celebración, cada regocijo, es un festejo por esta patria fascista, por esa bandera cuyo color mayoritario no por nada es el rojo, porque está manchada de sangre de miles de compañerxs.

domingo, 22 de julio de 2012

venderla



me gustaría verte cerrando los ojos
durmiendo a guata pelá
(o pelúa, más bien)
roncando a mi lado en una cama de una plaza
en una habitación de 3x3
en algún motel pulguiento de la capital
o del puerto
o de ningún lugar al fin y al cabo

todo eso habría sido muy bonito.
tan bonito como aspirar el humo de una barricada un 24 de agosto
compartir un cigarrillo para pasar el frío
esperando a que llegaran los pacos (de verde);
verter cada cierto tiempo la tinta libertaria en las paredes de ñuñoa
(comuna ícono de la 'clase media profesional' y el activismo light)
cagándose de frío en esas noches de noviembre
-o quizás era septiembre u octubre
de repente es mejor olvidarse de esos detalles-;
inventar canciones ingeniosas y juegos de palabras
repetir frases de travestis
hacerse las ricas en las asambleas
reír por todo y quererse porque sí

todo eso habría sido muy bonito
si uno se demorara un poquito más en creer
o si simplemente uno no creyera
seguiremos siendo amigos, cliché universal
y calabaza calabaza, ____________ (complete la oración)
"seguiremos siendo amigos"
y yo, en mi pieza un domingo
habiéndote pensado semanas enteras
con hambre, sueño, pena y ganas de patalear
qué daría porque
(por lo menos)
el 'seguiremos' tuviera algo de verdad.

lunes, 19 de marzo de 2012

Pro-vida.

Durante la última semana se ha revivido una decimonónica discusión en torno a si debe legalizarse en Chile el aborto terapéutico. En general me da mucha lata participar de esta discusión, porque me sorprende ingratamente darme cuenta de que ciertas cosas que unx asume de 'sentido común' (como la existencia legal del aborto terapéutico o, retrotrayéndonos al año 2008, la píldora del día después) presentan una férrea oposición de parte de la vereda contraria, de lxs que tienen el poder y que no están dispuestxs a perderlo. Y también de muchxs de lxs nuestrxs, que se han comprado el discurso de que hay que defender la vida a toda costa que nos venden los medios. Esta postura que niega a las mujeres el derecho a decidir sobre su cuerpo, a decidir autónoma y conscientemente cuándo y cómo ser madres (y si quieren serlo), se ha denominado (por los medios y por sus mismxs promotorxs) como 'pro-vida', mientras que a nosotrxs, quienes desde una perspectiva feminista defendemos el derecho de la mujer a abortar sin apellido (es decir, bajo cualquier circunstancia) se nos sindica de asesinxs, antisociales, desadaptadxs, resentidxs, en fin. Por otra parte, existe una tercera posición más 'concertacionista', que apoya el proyecto de aborto terapéutico que se discute en el Senado, es decir, la posibilidad de interrumpir el embarazo en casos de inviabilidad fetal, de peligro de vida de la madre o de violación. Dicha opción también me parece insuficiente y discriminatoria, pero no es a esto a lo que me quiero referir en esta nota, sino al concepto de 'pro-vida'.
Por pro-vida se entiende a todo aquel que defiende el derecho a la vida bajo cualquier circunstancia. La posición común de todo este grupo se reduce básicamente a que desde el momento de la fecundación "hay una vida" y que nosotrxs no tenemos ningún derecho a "decidir sobre esa criatura inocente". No hace falta hacer alusión a los innumerables ejemplos de las atrocidades que han dicho lxs 'pro-vida' sobre la mujer y su cuerpo. Creo que, más allá de las bromas, la frase de Ena von Baer refleja muy bien el pensamiento general de este grupo: el cuerpo de la mujer no le pertenece.
El concepto de pro-vida, no obstante, es tremendamente engañoso. En primer lugar, porque fija una barrera (inexistente) entre quienes supuestamente están a favor del derecho a la vida (ellxs) y quienes supuestamente estamos en contra (nosotrxs). Y en segundo lugar, porque esta defensa acérrima del derecho a la vida llega solamente hasta el momento del parto, ya que desde ese momento es la madre quien tiene que cargar con la criatura que quizás no quiso tener. Lxs poderosxs que defienden el derecho a la vida tienen los medios para sustentar a lxs hijxs que traen -y que quizás no deberían traer- al mundo (ejemplo perfecto es la familia Opus Dei), pero la joven que tiene una guagua en la población, o la que estudia, o la que trabaja y es explotada precisamente por lxs mismxs que prohíben el derecho a abortar, no tienen los medios necesarios para brindar una buena vida al bebé que nació. Y no porque no quieran, ni porque no se esfuercen, ni porque sean flojas. Cuando unx no tiene lo que esta sociedad neoliberal llama "una situación acomodada", cuando unx ha vivido en carne propia la pobreza, cuando unx ve que su gente se saca la cresta para ganar una cagá de sueldo a fin de mes, queda en evidencia que quienes se dicen defensorxs de la vida son cualquier cosa menos eso, que en realidad sólo promueven esquizoidemente la natalidad porque le es útil al sistema traer mano de obra barata al mundo, porque es negocio redondo para ellxs que explotan a nuestra clase dándonos sueldos de miseria y llenándose los bolsillos a costa nuestra. Su cuento de defender la vida es una mentira, porque mientras el aborto sigue siendo ilegal por culpa de ellxs, miles de mujeres mueren año a año por practicarse abortos ilegales en condiciones inhumanas. La vida de esas mujeres para ellxs no cuenta. Y mientras siga siendo ilegal el aborto, seguirán muriendo mujeres, y a ellxs no les va a importar, porque a quién le importa la vida de una mujer, y menos si esa mujer tuvo el coraje de asesinar... a algo que ni siquiera se puede denominar científicamente como "vida". Los casos de violación, de inviabilidad fetal o de peligro de vida de la madre, en tanto, ni siquiera resisten análisis. El cuento del derecho a la vida es una mentira, porque mientras siguen naciendo bebés con problemas graves, no existe atención de salud pública de calidad para tratar esos problemas. Su cuento del derecho a la vida es una mentira, porque le arruinan la vida a una mujer que quizás sí quería ser madre, pero en otro momento de su existencia y no en el que le tocó. Su cuento del derecho a la vida es una mentira, porque a todxs lxs que nos levantamos contra la vida de miseria que llevamos por su culpa nos reprimen, nos golpean, nos torturan e incluso asesinan, como ocurrió durante la dictadura de Pinochet, y como ha ocurrido y seguirá ocurriendo en esta mentira de democracia. No nos vuelvan a repetir nunca más que están a favor de la vida, porque no les creeremos.
Desde esta vereda, en tanto, sin intención de querer tomar la voz por mis compañerxs, yo señalo que nosotrxs sí estamos a favor de la vida. Pero a favor de una vida digna, a favor de una vida de verdad, a favor de una vida libre, a favor de una vida QUE NOS PERTENEZCA. Por eso luchamos día a día. Por eso creemos que se nos debe garantizar el derecho al aborto, sin ningún tipo de apellido, y que su acceso sea libre para todas las mujeres que lo necesiten. Pero también creemos que se nos deben garantizar sueldos dignos, educación y salud dignas, todo lo que el actual sistema no nos garantiza. Porque ellxs no están a favor de la vida, y menos de nuestras vidas. Y dado que esto es así, nosotrxs estamos absolutamente en contra de ellxs y de cualquiera que coarte nuestro derecho a decidir sobre nuestra vida.

domingo, 23 de octubre de 2011

del miedo y del fuego

Prefacio:

Me origino a partir de un coito desprotegido entre un pico X y un choro Y en el año 1989 (en el mes de octubre, aproximadamente).
De la junción entre X e Y se habían originado con anterioridad 4 otrxs individuxs, en diferentes fechas entre los años 1972 y 1987.
Usted comprenderá, por lo tanto, que mis hermanxs y yo somos hijxs del miedo.


I

soy hijo del miedo

vengo del miedo
de la incertidumbre
de la sumisión

nací en 1990
pero comencé a gestarme desde mucho antes
17 años atrás para ser preciso
fui depositario del miedo de una generación completa
incubé durante 17 años el miedo
(para ser sincero
nací cagado de miedo
cagado hasta el cogote)
y cuando salí del choro lloré de miedo
lloré por mi madre y por mi padre
por tanta sangre derramada en 17 años
por tantas menstruaciones y úteros dolientes en 17 años
por tanta mentira y tanto silencio en 17 años

II

17 años después seguí llorando
sin parar / sin saber / sin dolor
-subconscientemente, si se quiere-
34 años después del golpe yo seguía llorando y no lo sabía
34 años después las llagas seguían abiertas
(y yo no lo sabía)
pero de repente lo supe
-o creí saberlo-

entonces
el miedo
el die(z)mo
la mierda
la conciencia de la mierda
(sobre todo) la conciencia de la mierda

III

y las lágrimas se secaron de súbito
comprendí el miedo
comprendí
(tal vez no en ese entonces
tal vez recién comienzo a comprenderlo)
que esos 34 años no fueron en vano
entonces
agarré el miedo / la mierda
lo estrujé hasta hacerlo sangrar
lo estrujé hasta A B O R T A R
y mis vísceras
(mi guatita, mis tripas, intestinos y demases)
se llenaron de rabia.
R A B I A.

IV

surjo de la rabia.

esto que soy ahora
se origina a partir del miedo
pero principalmente de la rabia.
rabia del miedo
(y las causas de ese miedo
más terribles que el miedo mismo)
rabia de la injusticia
rabia de la pobreza
rabia del machismo
rabia de la opresión
rabia de todas las muertes de esos 17 años
y rabia de todas las que van en estos 21.
es cierto, el miedo aún existe
pero la rabia es tan grande
que el miedo termina por quemarse
en una barricada que ilumina hasta lo más alto
y cuyas cenizas se desperdigan por las calles de Santiago.

V

vengo del miedo
de la incertidumbre
de la sumisión

no obstante
ahora mucho más que antes
sí, ahora
ahora mucho más que nunca
mi miedo se torna en rabia
mi incertidumbre se torna en convicción
mi sumisión se torna en rebeldía.

rabia
convicción
y rebeldía.

o para ser más preciso:
revolución es la palabra.

viernes, 29 de abril de 2011

Homosexualidad hegemónica y cambio cultural. Algunas reflexiones en torno al foro “Género y diversidad sexual en la realidad universitaria”

El pasado miércoles 20 de abril se realizó en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile el foro “Género y diversidad sexual en la realidad universitaria”, en donde se pretendía abordar desde el ámbito universitario las problemáticas de género y sexualidades. Quiero referirme específicamente a las intervenciones de dos de lxs panelistas del foro: Luis Larraín, ingeniero civil de la Universidad Católica y ex asesor de la Secretaría General de la Presidencia (período 2010-2011), y Rolando Jiménez, presidente del Movimiento de Integración y Liberación Homosexual (MOVILH).

Luis Larraín, conocido por ser el rostro visible de la campaña presidencial de Sebastián Piñera, dedicó la mayor parte de su intervención a hablar sobre su “salida del clóset” durante su estadía en la universidad, para luego reivindicar el poder de las redes sociales en tanto instrumentos de cambio sociocultural, ya que a través de ellas es posible denunciar la homofobia y promover la integración.

Rolando Jiménez, en tanto, habló sobre la labor social del MOVILH, sobre el “gran cambio cultural” que éste ha generado en el país durante los últimos 20 años, que las cosas avanzan bien, que él ve el vaso “medio lleno” (lo que me parece terrible) y que es un gran logro que Allamand haya puesto sobre la mesa el tema de la unión civil y el matrimonio homosexual, entre otras atrocidades en las que ahondaré más adelante.

No es mucho lo que tengo que decir con respecto a la intervención de Luis Larraín. Más allá de que a nadie le importa (en el contexto del foro, al menos) saber si lo aceptaban o no en la universidad, me parece francamente preocupante que para él la lucha (palabra que, por su ideología, él jamás utilizaría) de la diversidad sexual se base en la integración servil no sólo a la sociedad, sino al modelo económico neoliberal. Larraín se adjudicó como triunfo el haber logrado, a través de Twitter, que Agrosuper aceptara en su concurso del día de los enamorados a parejas homosexuales. ¿De qué estamos hablando? Sobre lo mismo, menciona que Twitter es muy útil a la hora de denunciar casos de homofobia. ¿Y cuál es el punto? Su relato no logra dar cuenta de una reflexión en torno al género y a la(s) sexualidad(es); es muy posible que él ni siquiera se haya planteado dicha reflexión por encontrarse en un lugar socialmente privilegiado: el de las clases altas.

No obstante esto, su caso me parece mucho menos preocupante que el de Rolando Jiménez. Son varios los puntos que debo tratar a este respecto:

¿A qué se referirá Rolando Jiménez cuando señala que ve el vaso medio lleno? ¿Qué entenderá por avance? Creo que es muy poco lo que se ha avanzado y que falta un larguísimo trecho por recorrer. Tal vez desde el lugar (biohombre, presidente de una institución LGBT hegemónica) desde el que enuncia, todo se vea maravillosamente bonito, pero en la realidad no es así. Para él significa un avance que Allamand quisiera debatir sobre matrimonio homosexual. Para mí no lo es: es meramente una estrategia política de la derecha, que nada dice sobre un efectivo cambio sociocultural..

Con respecto a esto, ¿de qué cambio cultural está hablando Rolando Jiménez? Sí, se lo concedo: es innegable que hoy en día salen muchxs más maricones y tortas en la tele, la gente se muestra más “open mind”[1], la marcha de septiembre convoca más de diez mil personas, etc. Pero esto no sirve de nada si la misma comunidad LGBT sigue posicionando a homosexuales, lesbianas, transexuales y demases en el lugar de la pobre víctima, que lo único que busca es que le hagan un espacio en la sociedad, porque “somos todxs personas” (¿y para qué ser personas?), además de seguir recalcando que, a pesar de su “condición sexual”, siguen siendo hombres o siguen siendo mujeres. Me parece que esto pesa mucho más y que contradice completamente la idea del cambio cultural. El cambio cultural es inexistente, nunca ha habido tal cambio cultural, y no lo habrá mientras la comunidad LGBT siga victimizándose e intentando entrar a un sistema ya establecido y que impone un género desde el momento en que se nace, además de controlar potentemente la sexualidad de lxs sujetxs.

Este asunto de la integración se ve en distintas mociones del MOVILH, de las cuales la más representativa es el proyecto de matrimonio civil homosexual. Me parece maravilloso que todxs tengamos los mismos derechos, pero… ¿cuál es la idea de querer casarse? ¿Ser iguales que lxs heterosexuales? En vez de exigir a gritos el matrimonio homosexual (y sólo una vez al año, porque no son capaces de salir a la calle si no es por la marcha gay), deberíamos cuestionar la institución del matrimonio en tanto institución coercitiva, heteronormativa y reguladora de nuestro deseo. El matrimonio obliga a ser fieles, a tener una pareja única por el resto de nuestras vidas, a criar hijos, a inculcarles los valores de la familia (valores que, dicho sea de paso, están determinados por la moral cristiana), y nos otorga el derecho de mirar feo y de reprender a aquellxs que no cumplan con esta normativa. Yo me declaro absolutamente en contra del matrimonio gay y de todo matrimonio posible, y abogo, en su lugar, por el libre ejercicio de nuestras sexualidades. ¿Para qué tener una pareja, si podemos tener dos, tres, diez, miles?

Me parece necesario, en último término, hacer alusión a una frase enunciada por Rolando Jiménez en el foro al que me refiero: “el feminismo no se ha hecho cargo de sus convergencias con las mujeres lesbianas”. ¿De qué feminismo habla? ¿Tiene conocimiento de lo que es el feminismo (más bien, los feminismos)? Si bien existen varios feminismos con los que no comulgo, me parece que esta frase es extremadamente irresponsable y que Rolando Jiménez, al decirla, desconoce e invalida el trabajo de muchos colectivos lésbico-feministas que vienen trabajando hace muchos años en el país.

Cuestiono profundamente la representatividad del MOVILH y de Rolando Jiménez en particular. Creo que la lucha política de esta revolución sexual (no hablaré de “diversidad”, porque desconfío del concepto) no se acaba en la exigencia de iguales derechos en el Parlamento. Que el presidente de una de las organizaciones LGBT más importantes a nivel nacional crea que la política se agota en la exigencia de derechos me parece grave. Porque la lucha es en el día a día: crear conciencia en la pobla es político, una performance es política, desnudarse es político, converger con otras luchas sociales (la de lxs mapuche, la de lxs presxs políticxs, la de las mujeres pobladoras, y tantas otras) es político. Por otra parte, concebir la sexualidad tal como la entienden Rolando Jiménez y Luis Larraín implica la exclusión de prácticas sexuales y sexualidades periféricas; implica pensar que las sexualidades son naturales y estáticas, que no existe la posibilidad de abrirse a devenires sexuales múltiples. Es adoptar la postura más cómoda: la de la integración y la inclusión. Es victimizarse y obtener beneficios de ello, porque es súper fácil tildar de homofóbicx a cualquiera que piense distinto. Es contribuir al statu quo, dejar la mierda tal y como está, sin cuestionar nada. Es, finalmente, seguir legitimando la existencia del clóset, construcción sociocultural opresora que define cuáles sexualidades son válidas y cuáles no lo son, en función de un criterio arbitrario establecido hace cientos de años, y que ideologías como el cristianismo y el fascismo contribuyen a acentuar. Y la solución, estoy convencidx, está en destruir ese clóset. Creo que hacia allá debe apuntar nuestra lucha política: hacia la liberación de las trabas impuestas por las sexualidades “normales” hegemónicas y el género, para que cada unx de nosotrxs, en tanto sujetxs autónomxs, podamos decidir libremente qué es lo que queremos para nosotrxs y para nuestros cuerpos.


[1] Este concepto da para mucha discusión; por el momento, sólo digo que desconfiemos de él, ya que posee un componente ideológico muy marcado: el de la heteronormatividad.

viernes, 22 de abril de 2011

Nota al margen

El feminismo es una revolución, no un reordenamiento de consignas de marketing, ni una ola de promoción de la felación o del intercambio de parejas, ni tampoco una cuestión de aumentar el segundo sueldo. El feminismo es una aventura colectiva, para las mujeres pero también para los hombres y para todos los demás. Una revolución que ya ha comenzado. Una visión del mundo, una opción. No se trata de oponer las pequeñas ventajas de las mujeres a los pequeños derechos adquiridos de los hombres, sino de dinamitarlo todo.

Virginie Despentes

miércoles, 9 de febrero de 2011

Pariremos un monstruo horroroso.
Vomitivo, asqueroso, sifilítico.

En cualquier momento, romperemos bolsa.

sábado, 29 de enero de 2011

Desobediente

Me mojaré el poto por la disidencia sexual.

Me mojaré el poto por la disidencia sexual porque no estoy de acuerdo con las (hetero)normas que me impone la sociedad, ni menos aun dispuesto a acatarlas.
Me mojaré el poto porque detesto el género que se me impuso al nacer, pero tampoco estoy dispuestx a aceptar ningún otro género.
Me mojaré el poto porque soy fea, negra y pobre; porque no hacerlo me convertiría en unx desclasadx, cosa que aborrezco con todas mis -escasas- fuerzas.
Me mojaré el poto porque quiero reapropiarme de mi cuerpo y convertirlo en arma de lucha.
Me mojaré el poto porque estoy en contra de cualquier intento de asimilación a la norma ya existente.

Me mojaré el poto porque desobedezco.

domingo, 26 de septiembre de 2010

en construcción

I

Nací con un pene y dos testículos.
Ergo, me llamaron Mauricio
No sé si efectivamente lo soy
o si lo fui
o si lo seré
o si quiero serlo
No obstante debo
así lo quiso mi madre
así lo quiso mi padre
así lo quiso la Santa Iglesia Católica
así lo quiso el Estado chileno

Como si fuera tan fácil pararse frente al espejo
y decir "este soy yo"
Me adoctrinaron desde siempre
desde nunca jamás
a seguir caminando
a pesar de la pata coja
a pesar de la pata atrás

me violentaron
me violaron
me escupieron
me forzaron a sonreír
para mi documento legal
me impusieron una identidad ajena a lo que soy
Yo no sé lo que soy
pero sé lo que no soy
y hoy digo sin pendejos en la lengua
que mi carnet de identidad miente

No soy un número extenso guión siete
no tengo ni tuve los millones que indica mi rut
no me llamo Mauricio Alejandro Díaz González
-más bien así me llaman-
no soy hombre
-no estoy dispuesto a serlo-
no soy chileno
-como si fuese tan fácil pensarse parte de ese todo-
o al menos esa bandera tricolor
hace rato que no significa nada para mí
más que 200 años de represión ininterrumpida.

II

Nací con un pene y dos testículos
¿y qué?
Tal vez mañana no los tenga
tal vez mañana tenga tetas
(de metacril)
tal vez mañana me entierre un cuchillo en el choro
y simule una extensísima menstruación
como la que nunca quise
-pero podría-
porque estoy ávidx de sangre
de mi sangre y de la sangre ajena
Que se derramen ríos de sangre hegemónica
Que la sangre heteronormada y sin VIH
fluya caudalosa por las calles de Santiago.

En resumidas cuentas
no estoy dispuestx a ser,
sí a devenir.
Devenir maraca
devenir mala
devenir disidente
devenir contrasexual
devenir
ad infinitum
STOP*.


*Rodrigo Lira.

Ignorancia es fuerza

Orwell tenía tanta, pero tanta razón...
Lamento haber tardado 3 años en darme cuenta (3 años desde que lo leí, entiéndase).

jueves, 16 de septiembre de 2010

Nescio

No saber.
No saber ser
No saber estar
No saber [insertar acción, estado o proceso]
No saber conjugar un verbo determinado
No saber conjugar mi situación individual
con la de un -inmenso- colectivo.
Todo lo que mi cerebro
que calculo que pesa su kilo y medio,
aprox
puede tragar
r e g u r g i t a r
y WITREAR (léase con letra verde y viscosa)
sobre un papel cualquiera
no soy capaz de vomitarlo
por la vía oral (como debiese ser,
haciendo la salvedad de que,
en ciertos casos de enfermedad o extrema borrachera,
algunos sujetos expulsan dichos fluidos
por sus fosas nasales).

Y no es que sea tartamudo
-no tanto, al menos-
sino que todo mi aparato fonatorio
(los especialistas de la salud
podrán darle las especificaciones
a este respecto)
se niega TAJANTEMENTE
a obedecer las órdenes
que envía don cerebro
desde su cómodo sillón.

No saber.
No saber sumar 1 + 1
(para mí sólo es 1)
No saber hablar
No saber gritar
escupir
ERUCTAR EN TU PUTA CARA
La no sapiencia más absoluta.

Mi hostilidad
(para conmigo mismo
para con los demás)
me patea el trasero
me escupe en la cara
me insulta
me ata de piernas
- de las 3 piernas-
y de brazos
-de los 2 brazos-
es ella la que me pone
el paño en la boca
(sin cloroformo, ojo)
y la que hace que mis cuerdas vocales
se vayan a la mierda
a la hora de expresar un enunciado x.
Resumiendo, las palabras se atropellan
unas a otras
salen sangrando de mi boca
agonizantes en el vano intento
de expresar una idea tan simple
como un te quiero
o un rotundo NO
o cualquier vocablo que aparezca (o no)
en el Diccionario de la Real Academia Española.

Dentro de mi no saber, no obstante
sé que hablo
-sin embargo soy mudo-.
Pero también sé
que me queda esto
-¡triste refugio!-:
un lápiz
un papel
y unas gotas de hostilidad
vertidas sobre él.


(dramón adolescente -veinteañero- que, a estas alturas, carece casi por completo de validez)

untitled

emprender el camino hacia el vacío
irrecusablemente
entramparse en las vertientes de la nada
caer
caer en un pozo sin fondo
infinitamente
caer voluntariamente
golpearse contra las paredes
romperse
romperlas
no hay escapatoria posible
excepto seguir cayendo

jueves, 9 de septiembre de 2010

Curá de espanto

Hace un rato leía para atrás y...
Ya empezamos con las ambigüedades (que, por lo demás, me encantan). ¿Qué significa "leía para atrás"? Puede ser que yo estaba leyendo a la inversa, o bien que leía algunos de mis textos anteriores, o bien ninguna de las anteriores.

Bueno, suponiendo que me inclino por la opción 2 (aunque no deja de tentarme "ninguna de las anteriores"), prosigo. Leía para atrás y me encontré con varias cosas que me llamaron bastante la atención, lo que no tiene por qué ser sorprendente, puesto que el Mauricio del 2007 no es en ningún caso el del 2008, ni éste el del 2009, ni éste el del 2010. De hecho, ni siquiera sé si hay un Mauricio en el 2010. Un Mauricio del Bicentenario, por ser. Pero volvamos a las cosas que más me llamaron la atención.
Las 3 cosas que señalaré tienen que ver con un poema que escribí el año pasado, hace un año o tal vez menos, cuyo nombre es Warning (si quiere, léalo acá: http://insertetituloaqui.blogspot.com/2009/11/warning.html). Puede leerse en el poema que soy un hueón "bastante confuso y confundido", pero "-no en ESE aspecto, / créame que estoy más que claro-". Más adelante, se lee lo siguiente: "Esos días / (que no son, en ningún caso, / ESOS días / recuerde que tengo pico)". Pero lo que más me impactó fue lo siguiente: "Soy homosexual / esto es: me gustan las personas / de mi mismo sexo, esto es: / hombres / (se lo digo al toque / para que no ande especulando hueás)". Con respecto a lo primero: no sé qué tan claro estaba en ese aspecto. Haciendo una retrospección, ahora me doy cuenta de que en realidad no estaba tan claro, sino que creía estarlo y me mantuve cegado en esa idea (en la de tener clara mi pará frente a mi sexualidad y frente a las sexualidades en general) durante mucho tiempo. Con respecto a lo segundo, me da un poco de vergüenza darme cuenta de lo falocentrista que fui durante tanto tiempo, durante poco menos de 20 años. Lo peor de esto es que es reiterativo: no se da sólo aquí, sino en varios otros poemas que usted, señora lectora, podrá leer en este humilde blog.
Y como ya dije, lo tercero fue lo más impactante. En su momento, fue un gran paso el poner por escrito la homosexualidad de ese Mauricio que no soy yo, pero que tal vez fui. Fue un enfrentar al mundo, un ponerme de pie y escupir al cielo y al Cielo. Ahora, sin embargo, la cosa es distinta. Cuando unx escupe al cielo, naturalmente el pollo se devuelve; si ayer dije que era homosexual, hoy lo niego tajantemente. No soy homosexual. No soy ni lo seré de aquí en adelante. Y esto no es, en ningún caso, volver al clóset; antes bien, es romperlo, acabar con una de las tantas construcciones socioculturales del sistema heterosexual. No soy homosexual, porque encasillarse en la categoría 'homosexual' implica de plano validar el modelo hegemónico de la heterosexualidad, definirse desde él, e intentar desesperadamente hacerse un espacio dentro de él o, en otras palabras, intentar desesperadamente legitimarse. Y yo no estoy dispuestx a nada de eso. Yo me defino desde afuera, desde los márgenes, y desde allí intento, o intentaré, poner en cuestión al sistema heterocentrista, que aborrezco profundamente, que me da náuseas.
Vuelvo ahora sobre un asunto que señalé un poco más arriba: cómo es el Mauricio del 2010. Este aspecto es otro de los que me llamó la atención: la insistencia con que se señala en los poemas ese nombre (que, pese a lo obvio que suena, cabe destacar que yo no elegí). Pongo en duda si el Mauricio que ahí se menciona soy yo, o si efectivamente existe. No sé si quiero definirme como Mauricio, como Mauricio Alejandro Díaz González, este nombre (que se corresponde con el género masculino) que fue vomitado sobre mi existencia hace 20 años y 2 meses, aproximadamente. No creo ser ése. Yo soy otra. U otro. O cualquiera. Y es probable que mañana sea muchxs más, o que simplemente no sea.
Todavía tengo muchas más cosas que decir, pero mis ideas están difusas, como yo. Así que, para no extenderme innecesariamente, diré que no sé cuál es la taxonomía en la que me incluyo hoy; no sé si quiero, de hecho, incluirme en una taxonomía determinada. Pero si tuviera que hacerlo, claramente 'homosexual' no sería la que yo elegiría. Si es por ponerle nombre, digamos que soy algo así como un antiheterosexual. En volá loca. Bien loca. Fuertona.

P.S.: Dentro de todas las cosas que he pensado, debo señalar, también, que a la luz de las nuevas ideas, algunos de los textos que escribí en el 2007 adquieren un nuevo sentido para mí. No entraré en detalles sobre esto, no en este escrito al menos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

veinte

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Odio que Alejandra tenga tanta razón. Siempre.

lunes, 26 de julio de 2010

un algo

Un lápiz
y un papel
y hartos cuadritos
(7 mm2 c/u, según me soplan por interno)
y hartas letras que se agrupan en un algo
que pretende tener sentido
(no lo logra, claramente
pero no deja de hacer el esfuerzo)
El porqué de esto no lo tengo muy claro
Le puedo asegurar, no obstante,
que no es por usted, ni por la señora de la esquina
(que, entre nos, en este mismo momento
está sacando su mórbida y -falsamente- rubia cabeza
por la ventana del segundo piso
para enterarse de los úrtimos sucesos acaecidos en el pasaje)
ni obviamente tampoco por el caballero del almacén
ni por los mendigos de Paseo Ahumada
ni por las pelolais que no saben llegar a Plaza Italia
y, en fin, ni siquiera por mí;
el punto es que esto se escribe por algún motivo
(injustificado, seguramente)
y es probable que usted ni siquiera se moleste
en destrozarlo y botarlo en el tarro
de la basura más cercano
(de preferencia tipo Arturito)
mal que mal
ocho de cada diez gatos prefieren Whiskas
y esto con suerte alcanza a ser
una especie de jurel -tipo salmón-
un tanto descompuesto, del que las moscas
han hecho su alimento y su techo.
Y no lo culpo, pues entre un
puedo escribir los versos más tristes esta noche
y un witreado mental del tipo
caca pichí tula POTO
(el poto del topo, o bien
el topo del poto, o bien
yo opto por el poto del topo)
claramente no hay dónde perderse
(a menos, claro,
que usted tome la micro en la dirección equivocada
o que se desvíe el tráfico
a causa de la Pequeña Gigante).

En el fondo, supongo que lo que usted quiere leer
es que la poesía tiene
una razón de ser en sí misma
que el lirismo es llevado hasta el éxtasis
hasta el frenesí, obnubilándose así el lector
y un sinnúmero de pescás por el estilo
(puedo seguir)
Lamentablemente, esto no es eso
ni aquello
ni precisamente un soneto
así que saque conclusiones:
todo aquello me lo paseo
por algún recóndito lugar de los genitales masculinos
y que se vaya a la conchesumadre
usted y todo su séquito
de intelectualoides shuperlocos posmodernos
asiduos a los cigarros, al café
y a las chupadas de pico express
a los clásicos de la literatura chilensis.

Post scriptum
Ah, lo olvidaba:
mi mamá me da manjar colún
y me importa un pico todo lo demás.


(Febrero, 2010. No había querido publicarlo porque, francamente, me parece muy malo.)