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miércoles, 19 de diciembre de 2012

Maipú, o el sueño americano que no fue


Hoy es diecinueve de diciembre y se supone que faltan dos días para el fin del mundo. Como antesala, hoy llueve en Santiago y las señoras de la capital ponen el grito en el cielo, cielo que se parte con los chubascos pronosticados para el día de hoy.
En Maipú, sin embargo, la lluvia es precaria. Precaria como tantas otras cosas en esta comuna: la vivienda, la educación, la salud (sobre todo, la salud). Y nos negamos su precariedad a cada instante en la pretendida y pretenciosa comodidad de nuestras casas pareadas de dos pisos, de nuestros pasajes protegidos por rejas, de nuestros barrios cada vez más seguros gracias a la caseta de guardia instalada en la esquina o en la plaza.

Llegué a vivir aquí a los cinco años, hace casi exactos diecisiete, un quince de diciembre de 1995. Antes con mi familia vivíamos en el Barrio Franklin, en una casa pequeña y pobre que hoy le pertenece a una tía. De lo poco que recuerdo, la casa era muy oscura y yo compartía con alguno de mis hermanos una de las piezas del fondo. En ese tiempo éramos cinco hermanos (se nos sumaría un sexto tres años después) y la casa no daba abasto, por lo que mis papás tomaron la decisión de cambiarse, buscando dejar atrás las modestas condiciones en que vivíamos. Postularon a un subsidio y vinimos a dar aquí, a esta casa ubicada cerca del paradero nueve de Pajaritos, que por entonces era una calle llena de árboles –aunque yo no podría dar cuenta de eso– y que a simple vista prometía a mi familia y a tantas otras familias una mejor calidad de vida.
Sin embargo, mis papás no encontraron nada de lo que estaban buscando, y yo creo que no lo saben. La casa nueva era mucho más bonita que la de Franklin, pero seguíamos viviendo hacinados y la familia seguía creciendo. En 1998 llegó a la casa mi hermano chico; dos años después nació mi primer sobrino, y así. Tuvimos que agrandar la casa, pero yo seguí compartiendo pieza con dos de mis hermanos hasta muy grande. Y la plata no alcanzaba, como tampoco alcanzaba cuando vivíamos en la comuna de Santiago. Pero nada de eso importaba, porque teníamos un mall cerca de la casa (aunque tuviera piso de madera), uno que otro supermercado y ya a fines de la década de 1990 se escuchaba fuerte el rumor de que llegaría el Metro hasta nuestras tierras. 

Hace algunos años, el suelo de madera del mall mutó en cerámica. Hoy el mall tiene dos pisos y se construyen varias tiendas que se inaugurarán, supongo, durante el próximo año. Hace poco, también, llegaron los bares y restaurantes caros, los expendios de sushi o de cualquier otra comida hip del momento, viniendo a desplazar tanto a la práctica de tomar en una cuneta o en una plaza como a las papas fritas de los bajones. El Metro llegó a Maipú con unos años de retraso. Con más de diez años de retraso, quizás. Poco importa. Los maipucinos sabemos esperar porque estamos acostumbrados. Llevamos más de veinte años esperando. La llegada del Metro y del comercio es la llegada del esperado progreso a nuestra comuna, pero un progreso del que nosotros no podemos sentirnos parte porque todas las mañanas subimos los tres (o cuatro) pisos de la estación Las Parcelas para viajar en condiciones inhumanas a nuestros destinos, y porque lo único que encontramos al venir a vivir aquí fue la libertad de consumir y de desperdiciar dinero que no tenemos en placeres burgueses más propios de Providencia que de acá. Maipú es la comuna ícono de una “clase media emergente”, o, dicho en feo, de pobres que alguna vez quisieron salir del hoyo en el que estaban metidos en sus comunas de procedencia. Por eso es una comuna que se blanquea y se niega constantemente a sí misma, porque a los maipucinos nos da vergüenza nuestro origen mugriento y roñoso, porque viviendo aquí creemos (más aun, queremos) ser tan normales como la gente de Ñuñoa. Pero sabemos que ni tan en el fondo –más bien en la superficie– somos otra periferia urbana más. Y el olor a pobre es algo que no se sale ni con ropa de marca ni con perfumes caros, mucho menos si estos son adquiridos con tarjeta de crédito en cuotas y con pago diferido. 

jueves, 9 de septiembre de 2010

Curá de espanto

Hace un rato leía para atrás y...
Ya empezamos con las ambigüedades (que, por lo demás, me encantan). ¿Qué significa "leía para atrás"? Puede ser que yo estaba leyendo a la inversa, o bien que leía algunos de mis textos anteriores, o bien ninguna de las anteriores.

Bueno, suponiendo que me inclino por la opción 2 (aunque no deja de tentarme "ninguna de las anteriores"), prosigo. Leía para atrás y me encontré con varias cosas que me llamaron bastante la atención, lo que no tiene por qué ser sorprendente, puesto que el Mauricio del 2007 no es en ningún caso el del 2008, ni éste el del 2009, ni éste el del 2010. De hecho, ni siquiera sé si hay un Mauricio en el 2010. Un Mauricio del Bicentenario, por ser. Pero volvamos a las cosas que más me llamaron la atención.
Las 3 cosas que señalaré tienen que ver con un poema que escribí el año pasado, hace un año o tal vez menos, cuyo nombre es Warning (si quiere, léalo acá: http://insertetituloaqui.blogspot.com/2009/11/warning.html). Puede leerse en el poema que soy un hueón "bastante confuso y confundido", pero "-no en ESE aspecto, / créame que estoy más que claro-". Más adelante, se lee lo siguiente: "Esos días / (que no son, en ningún caso, / ESOS días / recuerde que tengo pico)". Pero lo que más me impactó fue lo siguiente: "Soy homosexual / esto es: me gustan las personas / de mi mismo sexo, esto es: / hombres / (se lo digo al toque / para que no ande especulando hueás)". Con respecto a lo primero: no sé qué tan claro estaba en ese aspecto. Haciendo una retrospección, ahora me doy cuenta de que en realidad no estaba tan claro, sino que creía estarlo y me mantuve cegado en esa idea (en la de tener clara mi pará frente a mi sexualidad y frente a las sexualidades en general) durante mucho tiempo. Con respecto a lo segundo, me da un poco de vergüenza darme cuenta de lo falocentrista que fui durante tanto tiempo, durante poco menos de 20 años. Lo peor de esto es que es reiterativo: no se da sólo aquí, sino en varios otros poemas que usted, señora lectora, podrá leer en este humilde blog.
Y como ya dije, lo tercero fue lo más impactante. En su momento, fue un gran paso el poner por escrito la homosexualidad de ese Mauricio que no soy yo, pero que tal vez fui. Fue un enfrentar al mundo, un ponerme de pie y escupir al cielo y al Cielo. Ahora, sin embargo, la cosa es distinta. Cuando unx escupe al cielo, naturalmente el pollo se devuelve; si ayer dije que era homosexual, hoy lo niego tajantemente. No soy homosexual. No soy ni lo seré de aquí en adelante. Y esto no es, en ningún caso, volver al clóset; antes bien, es romperlo, acabar con una de las tantas construcciones socioculturales del sistema heterosexual. No soy homosexual, porque encasillarse en la categoría 'homosexual' implica de plano validar el modelo hegemónico de la heterosexualidad, definirse desde él, e intentar desesperadamente hacerse un espacio dentro de él o, en otras palabras, intentar desesperadamente legitimarse. Y yo no estoy dispuestx a nada de eso. Yo me defino desde afuera, desde los márgenes, y desde allí intento, o intentaré, poner en cuestión al sistema heterocentrista, que aborrezco profundamente, que me da náuseas.
Vuelvo ahora sobre un asunto que señalé un poco más arriba: cómo es el Mauricio del 2010. Este aspecto es otro de los que me llamó la atención: la insistencia con que se señala en los poemas ese nombre (que, pese a lo obvio que suena, cabe destacar que yo no elegí). Pongo en duda si el Mauricio que ahí se menciona soy yo, o si efectivamente existe. No sé si quiero definirme como Mauricio, como Mauricio Alejandro Díaz González, este nombre (que se corresponde con el género masculino) que fue vomitado sobre mi existencia hace 20 años y 2 meses, aproximadamente. No creo ser ése. Yo soy otra. U otro. O cualquiera. Y es probable que mañana sea muchxs más, o que simplemente no sea.
Todavía tengo muchas más cosas que decir, pero mis ideas están difusas, como yo. Así que, para no extenderme innecesariamente, diré que no sé cuál es la taxonomía en la que me incluyo hoy; no sé si quiero, de hecho, incluirme en una taxonomía determinada. Pero si tuviera que hacerlo, claramente 'homosexual' no sería la que yo elegiría. Si es por ponerle nombre, digamos que soy algo así como un antiheterosexual. En volá loca. Bien loca. Fuertona.

P.S.: Dentro de todas las cosas que he pensado, debo señalar, también, que a la luz de las nuevas ideas, algunos de los textos que escribí en el 2007 adquieren un nuevo sentido para mí. No entraré en detalles sobre esto, no en este escrito al menos.

lunes, 26 de julio de 2010

un algo

Un lápiz
y un papel
y hartos cuadritos
(7 mm2 c/u, según me soplan por interno)
y hartas letras que se agrupan en un algo
que pretende tener sentido
(no lo logra, claramente
pero no deja de hacer el esfuerzo)
El porqué de esto no lo tengo muy claro
Le puedo asegurar, no obstante,
que no es por usted, ni por la señora de la esquina
(que, entre nos, en este mismo momento
está sacando su mórbida y -falsamente- rubia cabeza
por la ventana del segundo piso
para enterarse de los úrtimos sucesos acaecidos en el pasaje)
ni obviamente tampoco por el caballero del almacén
ni por los mendigos de Paseo Ahumada
ni por las pelolais que no saben llegar a Plaza Italia
y, en fin, ni siquiera por mí;
el punto es que esto se escribe por algún motivo
(injustificado, seguramente)
y es probable que usted ni siquiera se moleste
en destrozarlo y botarlo en el tarro
de la basura más cercano
(de preferencia tipo Arturito)
mal que mal
ocho de cada diez gatos prefieren Whiskas
y esto con suerte alcanza a ser
una especie de jurel -tipo salmón-
un tanto descompuesto, del que las moscas
han hecho su alimento y su techo.
Y no lo culpo, pues entre un
puedo escribir los versos más tristes esta noche
y un witreado mental del tipo
caca pichí tula POTO
(el poto del topo, o bien
el topo del poto, o bien
yo opto por el poto del topo)
claramente no hay dónde perderse
(a menos, claro,
que usted tome la micro en la dirección equivocada
o que se desvíe el tráfico
a causa de la Pequeña Gigante).

En el fondo, supongo que lo que usted quiere leer
es que la poesía tiene
una razón de ser en sí misma
que el lirismo es llevado hasta el éxtasis
hasta el frenesí, obnubilándose así el lector
y un sinnúmero de pescás por el estilo
(puedo seguir)
Lamentablemente, esto no es eso
ni aquello
ni precisamente un soneto
así que saque conclusiones:
todo aquello me lo paseo
por algún recóndito lugar de los genitales masculinos
y que se vaya a la conchesumadre
usted y todo su séquito
de intelectualoides shuperlocos posmodernos
asiduos a los cigarros, al café
y a las chupadas de pico express
a los clásicos de la literatura chilensis.

Post scriptum
Ah, lo olvidaba:
mi mamá me da manjar colún
y me importa un pico todo lo demás.


(Febrero, 2010. No había querido publicarlo porque, francamente, me parece muy malo.)

martes, 19 de enero de 2010

Obituario

Con profundo pesar
con una gran pena
y con un gran pene
ahora que está tan en vogue
esto de la paridad de género)
comunicamos el sensible fallecimiento
de él, de ella
de todos.
Los funerales se realizarán
el día 11 de marzo
en el Palacio de La Moneda,
horario por confirmar.
(Valor de la entrada: una cooperación voluntaria
de preferencia flores
coronas de caridad
artefactos incendiarios
o una Coca Cola, como usted prefiera).

sábado, 27 de diciembre de 2008

(Extracto)

(…) Después de 3 años de consumado el triunfo gubernamental, los partidos refractarios volvieron al ataque, haciendo uso de métodos no muy ortodoxos, como bromas de mal gusto y expresiones peyorativas, tales como “cara de poto” y “guatón pesado”. Fue así como se produjo la escisión del partido gobernante, ya que nadie fue capaz de soportar tales faltas a la dignidad humana, de modo que se optó por el suicidio colectivo en el ágora, llevado a efecto el día 6 de Julio del año 46. De tal forma, se instauró un período de anarquía que perdura hasta nuestros días, como nosotros, habitantes de Felicilandia, podemos constatar. (...)

Extracto del discurso pronunciado por un habitante de Felicilandia, en conmemoración por los 60 años de anarquía (¿y en qué anarquía se enuncian discursos públicos?) de dicha nación. 6 de Julio del año 106 de la Era sin nombre.

jueves, 25 de diciembre de 2008

Ad portas de

"Sabiduría del pueblo: 'es un pobre loco, un soñador...'"
Julio Cortázar, "Rayuela" (capítulo 80)


Justamente, don Julio, en aquello me convierte el haber optado por tan funesto destino. Pero es para eso que somos pobres locos, soñadores: para forjarnos un destino terrible, y poder combatirlo (en otras palabras, peces que nadan contra la corriente por gusto propio).

domingo, 16 de noviembre de 2008

Latentis

Cuando los latidos ajenos los sientes en tu propio corazón, es inútil ponerse cualquier tipo de impermeable. Esos latidos, el sentir, se filtran se funden se con-funden; el impermeable se vuelve permeable, inpermeavle, meable, lleno de meados provenientes de la irrigación sanguínea de aquellos especímenes que ahora más que nunca sientes como si fueran parte de tu organismo, como si fuesen tus pulmones que te dan el aire a pesar de que están intoxicados,

No, no tengo ganas de escribir.
La tristeza puede más, ¿por qué nunca puedo hacer demasiado en este estado? Creo que soy lo contrario a muchos poetas, y eso me hace sentir no sé si bien o mal, pero distinto y marginado. ¿Por qué el arte ha de ser la expresión del alma de los eternos depresivos? Soy un "artista" feliz, ¿soy menos "artista" por ello?
Mi cabeza tiembla, hace calor y un dulce de manzana se deshace entre mis dientes, ¿soy menos "artista" por ello? La pregunta me da vueltas aunque sé que es estúpido porque conozco la respuesta, es tan difícil guiarse por principios morales propios, no preocuparse nunca más del qué dirán y empezar a ser uno mismo, empezar a vivir de una vez por todas la vida que siempre quisimos vivir, la vida. Allí afuera hay pajaritos, pero son cerca de las seis de la tarde. Es extraño, siempre los escucho por las mañanas, pero no a las seis de la tarde y con tanto sol. Y la tristeza puede más, la tristeza, el distanciamiento, ¿por qué nunca puedo hacer demasiado en este estado? ¿Expresar lo más hondo, lo más puro, aquello que no pude decir a quienes debí? ¿He de perder dos años por mi abstracción y estupidez? No. La tristeza no puede más, yo puedo más porque yo soy el artista y la manipulo a mi antojo pues, don Vicente, afrancesado y la conchadetumadre, lamebotas de París y de sus vanguardias forzadas. Me pican las manos, difícil rascarlas mutuamente, hace falta una tercera mano que facilite un poco la tarea. Dos manos más si fuese posible (aquí hago una pausa; rasco mi mano izquierda); a ratos quiero llorar, llorar eternamente, pero es tan difícil para mí hacerlo, no lo entiendo, y eso que antes lloraba tanto. ¿Pero es menester llorar? Sí, por supuesto, es mejor que tener este nudo culiao en la garganta, en la cabeza y en el corazón sobre todo, mi corazón hecho un nudo que impide el paso de la sangre y que me hace convulsionar, estoy palideciendo, poco a poco, hasta que llegará el momento en que me convierta en tierra levantada por una escoba, apenas un atisbo de lo que alguna vez fue Mauricio Alejandro Díaz González, hombre de 18 años, que sólo desea cerrar sus ojos y sentir que varias manos se posan sobre las suyas, quedándose allí por siempre, muchísimo más allá de lo acotado por esas paredes que lo albergaron de manera tan hostil durante esos millones de años de voluntario/involuntario claustro.



(Por favor, no dejen que el territorio acotado por esas paredes sea el único posible para hacer germinar esa hermosa semilla que sembramos adentro. No me dejen nunca...)

viernes, 24 de octubre de 2008

Asexinato en la planta baja


Los amantes se encontraban en su habitación del undécimo piso mirándose, oyéndose, oliéndose, conquistándose nuevamente, como lo hacían día a día, noche a noche, segundo a segundo. Fue entonces cuando él se acercó y depositó maliciosamente su mano sobre el muslo ajeno, recorriendo con intrusa lentitud los confines del sexo opuesto.
Caminó con miedo hacia la cocina. Era viernes, lo que significaba una borrachera más en aquellos dolorosos dos años de matrimonio. Esa noche había algo especial en los ojos de su marido, algo que la hacía sentirse especialmente desprotegida en su solitario apartamento de la planta baja...
Y llegó el primer golpe.
Entre gemidos de dolor y placer, ella se tiró en la cama mientras él la mordía y golpeaba con la brutalidad sadomasoquista que gustaba tanto a ambos. Ella tomó la fusta que estaba sobre el velador y lo atacó, dominante.
El psicópata ebrio le había asestado un despiadado puñetazo a su mujer, que empezó a sangrar profusamente. Para defenderse, ella le pegó con el palo de la escoba en la espalda, sin éxito. Y los amantes se manoseaban y se flagelaban y se revolvían viscosos en sus fluidos corporales. Ella adoptó la posición de batalla, dejando el paso libre a su cómplice para que ejecutase su trabajo.
Comenzó a enterrar su arma el sujeto con fuerza y repetidamente, mientras la sado gritaba de pasión y lascivia sanguinaria. El asesino se acercó a la pobre mujer, que gritaba inútilmente. Nadie la escucharía, ya que los únicos vecinos que estaban en el edificio eran los del piso once (¿y a quién le importarían los gritos de una empleada en la planta baja?). El verdugo enterró su puñal incansablemente en el pecho de su mujer, hasta que se desangró.
Entretanto, un líquido de distinta naturaleza escapaba con semejante profusión en el campo de batalla del undécimo piso, dejando a los amantes sin aliento y llenos de sudor, sangre y espermatozoides muertos.




(Nada del otro mundo... fue mi primer intento de montaje, bastante precario por lo demás. En todo caso, necesitaba subirlo, no sé por qué.)

miércoles, 8 de octubre de 2008

-random-

(...) sin embargo, según contaron algunos testigos de dudosa procedencia, se vio al presidente en días anteriores al suicidio festejando alegremente en los más nefastos tugurios, junto a señoritas y señoritos que difícilmente podrían haber tenido una reputación decente. De hecho, en momentos previos al suicidio junto al resto de los integrantes del partido, recibió 3 mensajes en su celular, el que fue encontrado en un vertedero ilegal (que después fue debidamente clausurado). El primero de ellos decía: "Llámame. Daniela"; el segundo decía "Te echo de menos, mi amor. Horacio". Y el tercero decía... (me es imposible descifrar la caligrafía de este manuscrito. Mal que mal, estos papiros tienen más de doscientos años, y yo apenas soy un periodista recién titulado. Obtuve la más alta calificación en el examen de grado. El profesor estaba orgulloso. ¿Qué será de él? Probablemente, nada. A veces creo que todos estamos condenados a la nada. Tengo hambre frío sueño alguien toca el timbre será mejor que vaya a abrir ding dong ya voy ding dong hola Camila cómo estás...)

sábado, 26 de abril de 2008

Depresión intermedia

"¿Qué es la vida? Un frenesí."
Pedro Calderón de la Barca

Siéntase al borde de la cama, al borde del abismo, al borde del borde.
Lápiz y papel, crónica flaitonga, deprexcore, la pobreza del espíritu que se condice con la pobreza material de la Villa Los Claveles, y el incesante reggaeton de las casas aledañas, y el Jose que llama al Pato y el Pato que llama al Jose y el Jose que llama al Pato (un amago de amistad condicionado por el alcoholismo en masa que envenena los hígados y destruye las familias del pasaje La Loica), y el pito y la coca, y la Coca con su local clandestino de venta de alcohol, y los pendejos que tocan el timbre para preguntar puras hueás, y el pendejo encerrado en su pieza sentado al borde del abismo, al borde del borde, al borde de la nada y al borde del colapso y de las lágrimas que no quieren salir porque el pendejo es fuerte o aparenta serlo. Pendejo llorón freak cagado de la cabeza pobre destrozado que se descarga en la lectura obligatoria para el plan común de Lenguaje. Pendejo sumido en la tristeza y en el reggaeton y en el callampeo vecinal que acontece a diario en esa franja de territorio larga y angosta que no es Chile, donde todo es copete y distorsión, donde el núcleo de la sociedad no es la familia porque apenas las hay, y si las hay, están tapadas en deudas escolares producto de estafas comerciales (y considérese que el Centro de Padres y la Universidad no se pagan con Tarjetas Más), y pierden dos meses de sueldo pero ganan dos meses de desesperación y endeudamiento hasta el pico y el hoyo y el punto G y la garganta llena de semen eyaculado por el pene extra largo y grueso de la economía social de mercado y la educación monopolizada; eyaculación infecciosa que te llena de enfermedades de transmisión social y que no es tibia sino fría como la noche en el Desierto de Atacama (y es que te cagai de frío, conchetumare). Por mientras busca inútilmente el oasis, entre arena por montones y montones de lágrimas reprimidas por los ojos que las tienen en cautiverio porque el orgullo de pendejo las retiene en mala.
Y la conchetumare, y la tristeza y la pobreza y el trastorno psicológico que por fortuna no llega porque el pendejo no es tan ahueonao. Y luego es el renacimiento, el ensalzamiento, el vaivén, el balancín de la plaza del barrio, vaivén, va-y-vén, va y viene el vaivén; aliteración del alma que vuela metafórica por la dulce sinestesia del oído, y es la anáfora y es la crisis que acecha a la familia de clase media, de clase media rara, de clase media freak, media naranja, media entera; clase entera, familia de clase entera, la familia de clase entera.
Y al otro día el pendejo se levanta, se sale del borde, del borde del borde y la cresta de la ola y la concha de tu hermana, y es entonces el éxtasis del alma; entonces es catarsis y vaivén otra vez, y es la vida que vuela a propulsión desgarrando los cielos tapados en smog capitalino, y es la vida y la muerte; no, es la vida sin la muerte, la vida sola, la vida misma, la vida en vida: la vida.

martes, 19 de febrero de 2008

Palabra



¿Qué haces? Escribo. ¿Y qué escribes? Palabras. ¿Y qué palabras? Muchas palabras. ¿Como cuáles? Palabras como las que salen de tu boca o de la mía. Palabras que se lleva el viento pero que vuelven. Palabras que se quedan y que calan hasta los huesos; palabras que se cuelan por el oído medio y que llegan al alma en fatigosa travesía; palabras que se cuelan por el intestino y el hígado y el colon y el páncreas que aunque sea extirpado sigue envenenado de palabras que se ensartan y que se entierran hasta en el entierro mismo. Palabras de cabro chico de mente grande, de pendejo que juega al papá y a la mamá pero que no tiene hijos porque no es hueón. Palabras de clase media, palabras de pobre y qué tanto. Palabras de denuncia y maltrato, palabras que caen como escupo en la cara en La Dehesa y en la RAE. Palabras simples pero complejas. Palabras lindas pero que transgreden. Palabras feas poh conchetumare, pero que suenan lindo, porque lo lindo es feo y lo feo es lindo, porque lo lindo no existe y lo feo tampoco, porque todo es un asunto de palabras, porque todos los mundos se constituyen a partir de una palabra, de una palabra que sale de tu boca o de la mía, o de una palabra que atraviesa fugitiva el cerebro y que se plasma desafiante en un pedazo de papel.

domingo, 4 de noviembre de 2007

En el excusado

Es sharsha y cuático llegar a un punto en que te distancias tanto de alguien (por diversos y justificados motivos), que tu relación se va transformando paulatinamente en simples heces fecales, como aquellas que tenían en sus uñas las higiénicas cocineras del Casino Reyval.
Pero es más sharsha y más cuático que, aunque trates de tirar la cadena varias veces, no puedes, porque es una cadena que debes tirar en conjunto con la otra persona, y pareciera que ésta trata de eludir lo más posible su concurrencia al W.C., de tal modo que el desecho se queda ahí, flotando mutantemente en el inodoro del amor.
Lo más tellible de todo este bañístico asunto es que no encuentras el sopapo para poder vaciar la huevá a la mala, sacando todas tus fuerzas de macho recio, que has demostrado poco durante los últimos diecisiete años. Así que no te queda otra opción que convencer de algún modo a la otra persona de entrar al cuarto de baño, por mucho que a ella no le guste.
Y es comprensible que no le guste, porque los baños encierran muchas cosas, como la desesperación de que tus desechos biológicos no salgan, o el olor que éstos dejan (a menos que uses Glade toque en cualquiera de sus variedades), o la desesperación, como en este caso, de no poder tirar la cadena como tatita dios manda.
Lo brígido es que el baño encierra más misterios y desesperaciones que las anteriormente mencionadas. En un caso como el que planteamos, al tirar la cadena existe la posibilidad de que uno de los dos se vaya por el water (probablemente, el que no tenga los pies puestos en la tierra del todo). Existe, también, la posibilidad de que, luego de tirar la cadena, las heces regresen con decisión a aparecer en la superficie del agua, ya sea por un problema con el inodoro en cuestión (en cuyo caso se recomienda llamar a un gásfiter) o por un error metódico de quienes hayan tirado la cadena. Si es por lo segundo, se recomienda dejar que dichas heces sigan su curso. En tal caso, existen tres posibilidades a plazo: que permanezcan ahí, que lleguen definitivamente a su hogar en el Río Mapocho, o que dejen de ser heces para volver a ser lo que eran antes: un bolo alimenticio producto de dos enamorados que se ingieren mutuamente.

viernes, 2 de noviembre de 2007

Sandungueo



Todos los cabros estaban felices con la muerte de la señora Juanita, porque ya nadie llamaría a los pacos para arruinar aquellas sudorosas y poncias noches de perreo chacalonero intenso sabatino.